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RUTA SUR - Duración: 1 día
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Distancia aprox.: 80 km.
En
esta ocasión vamos a invertir la lógica y comenzar la ruta por el fín,
y nada menos que por el fín del mundo.
Esta fue la creencia de diferentes culturas que durante milenios
creyeron haber encontrado en este lugar, llamado hoy Finisterre, el
punto donde se acababa el mundo.
Paradójicamente este punto realmente representa el fín en muchos
aspectos. Barcos que naufragaron en las famosas rocas de
"Centola" o "Petonciño" finalizaron aquí su viaje,
millones de peregrinos finalizan aquí su largo camino año tras año.
Finisterre alberga infinitas historias y leyendas que hoy se tornan en
un atractivo turístico imprescindible de conocer para quien visita la
Costa de la Muerte.
Empezamos
pues en el mítico faro desde el cual en días despejados el panorama y
el mar inundan nuestra vista. Al regresar hacia la villa, nos
encontramos con la iglesia de Santa María de Finisterre. En su interior
se encuentran numerosas piezas religiosas medievales de gran valor
artístico. Al entrar en Finisterre y ver el puerto, el ambiente
marinero, las tascas y restaurantes contribuyen notablemente al
atractivo de esta villa por cuyas estrechas calles siempre apetece
pasear.
Dirigiéndonos hacia
Corcubión, avistamos a mano derecha la playa de Langosteira. Es de la
zona, sin duda la más importante, tanto por su longitud, como por las
tranquilas aguas y la afluencia de visitantes, sin olvidar la riqueza en
mariscos (sobre todo navajas) que aporta a la lonja de Finisterre. Es
aquí donde podremos hacer un alto y, si es posible, probar una lubina a
la parrilla, o a la sal acompañada de un fresco marisco en el restaurante "Tira do Cordel".
Al seguir, veremos a mano
izquierda una indicación hacia Duio. Dice la leyenda, que cuando
el Santiago Apóstol sermoneaba a los celtas para cristianizarlos, en la
ciudad de Dugium no le hacían mucho caso y Dios castigó a los
habitantes hundiendo toda la ciudad en las profundidades del Mar. Duío,
vinculado al Monte Facho, lugar de culto celta (Ara Solís) cuenta con
numerosos hallazgos megalíticos que corroboran esta leyenda. Una piedra
situado al lado de la ermita dicen que sigue teniendo poderes: fertiliza a las
parejas impotentes que copulan sobre ella.
Llegamos a Corcubión,
donde dando un paseo por el magnifico paseo marítimo, podemos
contemplar varios edificios de gran valor arquitectónico. Estos,
reflejan la importancia que tenía esta villa en la época medieval.
Fundamentalmente debido a las relaciones comerciales que mantenía su
flota con Venecia y otros importantes puertos, así como el hecho de ser
sede de varias de las más importantes familias nobles de la Costa de la
Muerte, como los Traba o Moscoso.
Prosiguiendo
hacia el sur, pasamos por Cee que cuenta con una importante
industria, vital para la zona, y nos dirigimos hacia Ezaro y el Monte
Pindo. Desde el mirador de Ezaro se contempla una impresionante
vista de la zona y su cascada, que con más de 100 metros de caída directas
al mar es una de las más altas de Europa. Actualmente, este
espectáculo sólo se puede ver en contadas ocasiones (normalmente los
domingos en temporada estival) cuando abren las compuertas de una presa
construida en su parte superior.
Al frente se encuentra el
Monte de Pindo. Esta masa granítica es conocida también por el nombre
de El Olimpo Celta. Las abstractas figuras que forman sus rocas dieron
lugar a numerosas historias de monstruos, hadas y demás seres
sobrehumanos.
Continuando
hacia Muros se encuentra la ensenada de Carnota con un amplio
arenal de más de 7 kilómetros y formaciones dunares y marismas. En la
población destaca un ejemplo de arquitectura tradicional gallega: el
larguísimo hórreo de 34 metros de longitud y su adyacente palomar.
Al comienzo de la ensenada se encuentra el pueblo de Caldebarcos en
donde la marisquería Casa Manolo es un lugar ideal para tomar fuerzas
en nuestra ruta.
Tras Carnota y siempre con el mar a nuestro lado, llegaremos a Lira,
pequeña y encantadora población pesquera con una amplia construcción
de típicos hórreos y cruceiros.
Seguimos con un paisaje
de gran belleza en donde nos encontramos la extensa playa de
Ancoradoiro, con pinares y camping; a continuación se encuentra el
Monte de Louro, introducido como una flecha en el mar y su laguna de as
Xarfas, postal típica de la zona.
Nos encontramos ahora en Muros,
que representa el final de la Costa de la Muerte y nuestro ultimo punto
de visita. Los principales atractivos turísticos de Muros son los que
le proporciona su paisaje. Sus playas y residencias veraniegas son las
más concurridas de la ría, con posibilidades de paseos de media
montaña. La villa ha sabido mantener una homogeneidad arquitectónica
en sus edificios que merecieron la denominación de Conjunto
histórico-artístico; son interesantes los numerosos grabados
rupestres que encontramos en diversos lugares del municipio.
En verano, el programa festivo, la oferta gastronómica y sus fabulosas
playas, llenan de vida esta población.
Para comer, el Restaurante O Bodegón, antigua fábrica de salazón en
el puerto marinero, actualmente restaurada como marisquería.
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